Descubre la historia de Correus, la famosa estación fantasma de la L4 del metro de Barcelona entre Jaume I y Barceloneta. Descubre por qué cerró, qué elementos se conservan y cómo intuirla. ¡Hola Barcelona te lleva!
A todos nos ha pasado alguna vez: vas sentado o sentada en la L4 (línea amarilla) del metro entre las estaciones de Jaume I y Barceloneta y, de repente, si miras por la ventana en medio de la oscuridad del túnel, intuyes una sombra misteriosa, rótulos antiguos y los restos de un andén abandonado. No es ninguna ilusión óptica: es la famosa estación fantasma de Correus, uno de los rincones más curiosos de la historia del suburbano barcelonés.
Fuera de servicio desde 1972, esta antigua estación conserva todavía hoy parte de su decoración, anuncios publicitarios y otros elementos originales.
Un viaje a 1934: la historia de la estación de Correus
Para entender el origen de esta estación, hay que viajar en el tiempo hasta el 20 de febrero de 1934, cuando se inauguró como terminal del segundo ramal del Gran Metro de Barcelona, que conectaba esta zona con el centro de la ciudad.
Situada en el extremo inferior de la Via Laietana, frente al histórico edificio de Correos, la estación formó parte de la expansión de la red de metro de Barcelona durante los años treinta.
La estación estaba formada por dos naves paralelas. Una acogía la vía y un andén estrecho, mientras que la otra estaba destinada al andén principal. Ambas estaban comunicadas por diez grandes arcos de tres metros de altura, uno de los elementos arquitectónicos más característicos del espacio.
¿Por qué cerró y se convirtió en una estación fantasma?
El 20 de marzo de 1972, la estación de Correus recibió a sus últimos pasajeros y dejó de prestar servicio. El motivo fue la prolongación de la línea 4 hacia Barceloneta y el Poblenou, que conllevó la transformación completa de este tramo del metro.
Con el cierre, el acceso desde la calle quedó clausurado y una parte de la antigua estación fue derribada para adaptar el espacio a la nueva configuración del túnel. El vestíbulo también desapareció y el espacio se convirtió en un pozo de ventilación.
Los antiguos andenes quedaron parcialmente recortados para dejar libre el gálibo necesario para el paso de los trenes. Por eso, cuando hoy el convoy circula entre Jaume I y Barceloneta, todavía se pueden distinguir algunos de los elementos que han sobrevivido de la antigua estación.
Y es precisamente esta combinación entre espacio abandonado y elementos conservados lo que ha convertido a Correus en una de las llamadas estaciones fantasma del metro de Barcelona.
Un túnel del tiempo bajo tierra: publicidad y rótulos de los años 60 y 70
Durante décadas, los restos de la estación han permanecido ocultos a la vista del público, pero algunos de los elementos originales se han conservado bajo tierra.
Entre ellos destacan los azulejos cerámicos y el rótulo con el nombre de la antigua estación, así como diversos ejemplos de publicidad de época. Entre los anuncios que todavía se pueden identificar figuran marcas como Danone y establecimientos comerciales como Mueblerías Asturias, que forman parte de la memoria gráfica de la ciudad.
Estos elementos permiten imaginar cómo era la estación cuando aún estaba en funcionamiento y explican una parte fascinante de la historia cotidiana del metro de Barcelona.
¿Cómo intuirla hoy en día?
Si quieres intentar ver la estación fantasma de Correus la próxima vez que cojas el metro, fíjate bien en el tramo de la L4 entre Jaume I y Barceloneta.
Cuando el tren circula por este punto, todavía se pueden distinguir la estructura de las paredes y las partes del antiguo andén a través de las ventanas del vagón.
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